domingo, 28 de septiembre de 2008

El paso a paso del reconocimiento social y estatal.

Luego del nefasto golpe de Estado, del cual aún sufrimos sus secuelas de forma socio-económica. La presidencia más larga de nuestra historia, que nos dejó sin patrimonio nacional, en dependencia casi absoluta de intereses extranjeros, y con la tasa de desocupación e indigencia en aumento. El golpe knock-out que sufrimos en el 2001, fecha que los efectos finales, no por eso impredecibles, de la paridad cambiaria impulsada por Domingo Cavallo, forzaron la devaluación y sus inevitables consecuencias. Los bancos, acostumbrados a altas tasas de interés, retuvieron las reservas en dólares de los ahorristas formando el popularmente conocido “corralito”. Los precios subieron de forma inversamente proporcional a los salarios, como nunca se había visto. La pobreza y la desocupación crecieron en largo y ancho, es decir, que no solo había más pobres, sino que los que ya eran pobres se hicieron más pobres. La brecha entre los que menos tienen, con los que más, se hizo más larga y la clase media tendía a desaparecer. La crisis fue producto de un proceso de autodestrucción nacional, que se venía cultivando de hace 25 años. Y los más perjudicados, fueron los de siempre.
La movilización del pueblo en repudio a la crisis era comparable a la de la década de 1880, con la presencia de radicales, socialistas y anarquistas. El grito era uno solo, “que se vayan todos”. Cacerolazos y piquetes. Protestas dignas y oportunistas, que con la excusa de que tenían hambre robaban televisores. Lo más destacable fue la aparición en el tejido social de nuevos actores: piqueteros, juntas barriales o vecinales, el retroceso a los principios de la economía con los trueques, el cual llegó a emitir una moneda relativamente fuerte (bono trueque), y los cartoneros.
Los piqueteros se transformaron en funcionarios del gobierno. Las juntas y el trueque desaparecieron. Sin duda, que los cartoneros fueron los que sobrevivieron con más fuerza y se expandieron muy rápidamente en la sociedad argentina, sobre todo en Capital Federal y el conurbano bonaerense. Hoy, hay 40.000 cartoneros jefes de familia, que según las estadísticas mantienen a más de 100.000 miembros. Son el engranaje fundamental de un negocio que forman parte 114 galpones que acopian y revenden todo lo que se recolecta, y 40 grandes empresas metalúrgicas, papeleras y fabricantes de plástico, que completan la cadena comprando la materia prima a los galpones.
El gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, primero rumoreó la idea de devolverles la dignidad y reinsertarlos a la sociedad como mozos, electricistas, mecánicos y taxistas. Lo que más bien era no reconocerles la dignidad como cartoneros y tampoco insertarlos a la sociedad, sino transformarlos en un modelo, un ideal de persona que cumplía los complicados requisitos de entrada a la sociedad.
Ahora, existe un proyecto de transformar a los cartoneros en “recolectores urbanos”, se les entregarían uniformes, guantes, obra social y se le pedirían aportes jubilatorios, además se le otorgarían 200 pesos extra por dejar su zona limpia, lo cual intenta también disminuir el trabajo infantil en las calles. De esta forma se les devolvería la dignidad, aceptando su trabajo, que de hecho es muy digno teniendo en cuenta la fundamental importancia que tienen los cartoneros para la subsistencia de grandes empresas. Solo queda esperar que se cumpla.
¿Qué ideas y posturas les despiertan esta nueva iniciativa del gobierno de Mauricio Macri?


Por Bruno M. Bordonaba

lunes, 22 de septiembre de 2008

"Fueron y son las mieles de sus panales"


En los negocios como en la política, que también está llena de negocios y negociados. Cuando alguien está pasando por una situación difícil, por suerte empiezan a aparecer los amiguismos. Sobretodo en Latinoamérica.
“Nos educaron para pelearnos entre nosotros”. No se pudo haber referido mejor Eduardo Galeano hacia los habitantes de ésta parte del continente.
Hoy, en el pueblo hermano de Bolivia regresan, o al menos eso quieren algunos sectores de la sociedad, las contradicciones y las injusticias sobre los primeros pobladores de la tierra. Una vez más, el aparato de poder conformado por los que más tienen y los intereses extranjeros, estrangula con furia los valores de la democracia.
El gobierno democrático y con gran aceptación popular, del descendiente incaico Evo Morales, se encuentra a merced de voces egoístas que quieren su destitución y fomentan terribles confrontaciones entre el pueblo contra el pueblo. La zona menos carenciada de Bolivia, la zona norte, es la que manifiesta pública y descaradamente sus deseos de golpe de estado y justifica estas reacciones en la indignación que produce tener un presidente “negro”, “colla” o “indio”. Precisamente en la tierra de Tupac Amarú.
De forma paralela, se ponen en juego intereses políticos a nivel internacional, que no son los del pueblo boliviano, y hacen que otros países del mundo se sumen a golpear a la democracia.
Por otra parte, a kilómetros de distancia, suena con fuerza la voz del amiguismo latinoamericano. El presidente Hugo Chávez, con la verborragia y la falta de diplomacia de siempre con la que encara su gestión, dirige mensajes bélicos a Estados Unidos, su principal enemigo en la lucha contra el imperialismo y su mejor amigo a la hora de vender petróleo. Quien compra buques a Rusia y aumenta el presupuesto bélico en el nombre de Simón de Bolívar le advirtió a “Mr. Danger” que deje en paz al pueblo boliviano y que en caso contrario le está dando pase libre para operar militarmente.
Por momentos pienso que Chávez quiere guiar una guerra mundial entre Latinoamérica y EE.UU, como si ésta fuera la solución contra el imperialismo o contra “algo”. Cuando pongo los pies sobre la tierra, me doy cuenta que su actitud altanera y prepotente de conducir sus relaciones internacionales, no son más que parte de su estrategia mediática y figurativa de mantener su poder y su aceptación popular, tanto en Venezuela como en Latinoamérica. Sobre todo lo primero, lo cual ya lo tiene poseído.
En temas tan sensibles, como son los que está atravesando Bolivia, son cuando más hay que distinguir entre victimas y victimarios, descartar los amiguismos y apreciar más que nunca la libertad y la democracia, que es con la cual se come, se educa y se cura. Fuerza Bolivia.
Por Bruno M. Bordonaba

viernes, 19 de septiembre de 2008

Si no hay reforma moral, no hay reforma política

Se quiera o no aceptarlo, el rechazo a la resolución 125 marca un antes y un después en nuestra sociedad. Los cuatro meses de conflicto trajeron aparejado un sentimiento nacionalista que no se vivía, tal vez desde la recuperación de la democracia. El pueblo, callado por largos años, salió a la calle y se reavivó un debate nacional ante los ojos atónitos de funcionarios y legisladores de la Nación.
A dos meses de una parcial resolución del conflicto, parece que nada ha quedado de aquellos días. Ante nuestras narices, día tras día se descubren casos gravísimos de corrupción y sólo los diarios más opositores y argumentadores en contra de la gestión de Cristina Fernández continúan publicando sus investigaciones referidas al olvidado caso Skanska, el multimillonario gasoducto del sur, la carencia de radares, el creciente gasto público, el default de fin de año. Pero nada parece alertar al ciudadano.
¿No se dan cuenta que la actual administración del Estado no es más que una resaca menemista? Lean, lean, lean. Está adelante nuestro, se escucha, se percibe. No me voy a poner en el gastado papel del típico crítico de Tinelli y su monstruo Ideas del Sur, porque sólo me queda sacarme la galera y felicitarlo por ser un excelente empresario que sabe qué es lo que busca y le gusta al público. Y ahí se centra la cuestión. El público. Que es lo que genera que sea más importante un streap-dance que el bochornoso caso de Antonini Wilson y los casi u$s 800.000 para la campaña de..¡Sí! Cristina Fernández. O que sólo esté cubierto el 10% del espacio aéreo argentino mediante radares para que no salgan a la luz la infinidad de pistas de aterrizajes clandestinas; y que nadie de la ciudadanía se altere por tal cuestión.
Durante varios años, y hasta no hace mucho, mis críticas estaban orientadas a los funcionarios del Estado. Hoy me doy cuenta que estaba equivocado y llego a la conclusión de que acá hay un único culpable y es el ciudadano. Es éste el que le atribuye todos sus pesares al Gobierno de turno, y claro está, nunca se va a hacer responsable ni reconoce que hay una unión directa entre él y el funcionario ‘X’, ya que fue el mismo quién lo puso en ese lugar. Me estoy refiriendo a la extensa mayoría que hoy habita nuestro país, obviamente no englobo a la minoría racional y coherente.
La Sra. Presidente planteó el Pacto del Bicentenario. Un tanto ambicioso a mi entender si es que seguimos recorriendo el mismo riel que hemos estado transitando por estos años. Primero que nada, hay que lograr un contrato con nosotros mismos. Un contrato civil que requiere la subordinación de los intereses particulares y en donde cada uno de nosotros se une a todos y a nadie en particular.
Pero para lograr esto, es imprescindible una fuerte cuota de educación en general y de enseñanza política en particular. Y enseñanza política como formación ciudadana, no como partidismo. Claro que uno puede elegir militar en un proyecto, siempre y cuando tengamos en claro qué es lo que queremos para nuestra Nación. Y, perteneciendo a distintos partidos políticos o no formando parte de ninguno, debemos generar una Voluntad General que no sea la suma de los intereses de cada uno, sino que logremos un consenso para con nosotros mismos y para el bienestar y progreso de nuestro país.
Mientras continuemos en este vaivén de proyectos políticos sin base ideológica alguna o sustento en la racionalidad - y repito, producto del voto popular - es difícil que logremos un cambio radical, tan necesario para nuestra Nación.

Por Juan I. Agarzúa

martes, 16 de septiembre de 2008

Ese maldito escuadrón de nuestro populismo mundial

Sin duda esta es una nota que se alojaría mejor en la sección “un café con Dios”, por lo indignante de la cuestión y por el “remar contra la corriente” que representaría un cambio de pensamiento, lo digo con total seguridad, en más de la mitad del país, acerca del tema que voy a tratar.
Con motivo del Bicentenario de la patria, la Argentina va a tener el honor de ser parte de uno de los eventos culturares más importantes a nivel mundial, la Feria de Frankfurt del 2010. Un encuentro de la industria editorial en la que participan 7200 expositores de 100 países y la Argentina ese año será la “invitada especial”. Un país latinoamericano, que al igual que toda América tiene una historia escrita con sangre de saqueo, arrebato y desprecio de su cultura por no ser acorde a la de la “elite”, y que aún sufre el aplastamiento y sustitución de su cultura por herencia extranjera a causa del imperialismo, tendrá en el 2010, fecha del Bicentenario de la Patria, la posibilidad de mostrar a los ojos del mundo, en la “cuna de la elite cultural” sus más altos exponentes del género literario.
Para la ocasión, la Sra. Presidente Cristina Fernández decidió que la exposición se proyecte en torno a aquellas figuras del extenso abanico cultural que resalten el ser nacional, el sentimiento de argentinidad, o más bien aquellos nombres que se vomitan de manera automática y por asociación cuando decimos “Argentina” en el extranjero. Estos nombre son: Diego A. Maradona, Eva Duarte de Perón, más conocida como “Evita”, Carlos Gardel y Ernesto “Che” Guevara.
Si bien no termino de comprender bien, por qué Maradona es la figura de un evento literario, no caben dudas que de todos los elegidos, es el que agrupa de forma más masiva el sentimiento nacional, por lo que significa ser el futbolista más grande de todos los tiempos en un país tan futbolero, que aún se le pone la “piel de gallina” cuando revive aquel gol que Diego le convirtió a la selección de Inglaterra en el mundial de México ‘86, a tan solo dos años de haber perdido la nefasta guerra de Malvinas.
“Evita” y el “Che” son los elegidos más controversiales de todos, ambos despertando sentimientos extremadamente opuestos en el pueblo argentino. Evita, en el día de su muerte, por un lado, no hubo un rincón del país en el cual alguien no haya derramado una lágrima por la ella (también es imposible que no se ponga la “piel de gallina” cuando vemos imágenes o videos de ese momento, y las masas que movilizaba la llamada “abanderada de los pobres”) y de la vereda opuesta, se había puesto de moda una de las peores frases de nuestra historia: “que viva el cáncer”. Respecto al “Che”, pocos de los que usan una remera con su cara, saben siquiera porqué luchó y murió. Se ha transformado en el personaje más estereotipado y favorito del marketing y el marchandacing. Nada aportó a nuestro país más que herencias de poderosos y jóvenes ideales que se fueron desdibujando con el tiempo y se los fue comiendo la moda y el oportunismo.
En tanto a Carlos Gardel, primero tendría que aclarar, que desde mi punto de vista, es un personaje que representa más a la bohemia porteña rioplatense, que a la argentinidad en sí, aunque es solamente un punto de vista. La realidad es que a comparación con los demás elegidos, es el que más se asemeja con la cultura argentina, por lo que representa el tango en nuestro país.
Lo concreto, es que es ridículo que en un evento de literatura no haya escritores. Es paupérrimo que a la hora de elegir representantes de nuestra cultura, se opte siempre por el repetido escuadrón del populismo mundial, que pareciese adaptarse perfectamente a cualquier situación, en vez de por la cultura es sí. Dejando en un segundo plano figuras como: Julio Cortazar, Roberto Arlt, Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Rodolfo Walsh, Manuel Puig, Héctor Oesterheld, Osvaldo Soriano, Alejandra Pizarnik, Alfonsina Storni, José Hernández, Esteban Echeverría, Domingo F. Sarmiento, Juan B. Alberdi, Mariano Moreno entre muchos otros, todos íconos de la cultura argentina y latinoamericana.
A nivel nacional, ya se respira cada vez más fuerte el frívolo aire del desinterés cultural en la población, y las principales causas son, primero la pobreza, la indigencia y el bajo nivel educativo, que hoy lo recibimos de forma naturalizada desde la década del ‘90. Luego la decadencia mediática que absorvemos todos los días. A nivel internacional, si en eventos como este, no tomamos en cuenta a quienes realmente hicieron algo por la cultura de este país, definitivamente ya empezamos a inclinar la cabeza hacia abajo, y a sentir cada vez de más cerca el frío del suelo. Y para ello contamos con todo el apoyo del poder ejecutivo.

Por Bruno M. Bordonaba

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Antes que nada: comer y educarse, luego imitemos al mundo

En la pulseada contra el tráfico y consumo de drogas, las naciones del mundo han optado por diferentes estrategias para combatir la amenaza, lo cual ha generado infinitas polémicas en poblaciones que se quiebran ideológicamente entre los que están a favor o en contra de la despenalización de drogas. En nuestro país, existe un proyecto de ley impulsado por el ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, Aníbal Fernández, que consiste en imitar a muchos países del mundo que ya han despenalizado el consumo de drogas. El objetivo de la sanción, que aún no llegó al Congreso, aunque cuenta con el apoyo del Poder Ejecutivo, es disminuir el tráfico y consumo de estupefacientes no criminalizando al consumidor, sí al traficante. "No estamos fomentando la droga, pero no hay que criminalizar al adicto. Los que tienen que ir presos son los que la venden, los que trafican", afirmó el ministro Aníbal Fernández.
Argentina es el mayor consumidor de cocaína de América Latina, además de poseer una ubicación privilegiada y de suma importancia para el tráfico de esta sustancia, que proviene de los países andinos y tiene como destino Europa. Sin embargo, uno de los mayores problemas ligados al narcotráfico se encuentra sin duda dentro de las zonas más pobres y más olvidadas de nuestro territorio y se llama “paco”. El “paco”, que se instaló en nuestro país con total masividad desde la crisis del 2001, está destruyendo familias por su alto grado de nocividad sobre todo en chicos menores de 15 años, quienes son sus principales consumidores. En mi opinión, su consumo no va a disminuir con la implementación del nuevo proyecto de ley, ya que esta droga que se prepara con residuos de cocaína – entre otras sustancias -, no es un simple vicio que se transformó en adicción, sino que es la que reemplaza un plato de comida todos los días, la manera de no sentir hambre. Por lo tanto, mientras los desamparados del Estado no coman ni puedan educarse, el "paco" va a seguir existiendo y su despenalización es la “solución” fácil para desligarse del problema.




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Por otra parte, cuando el ministro Aníbal Fernández dice: “'Para nosotros es muy importante, ya no quedan dudas de cuál es la decisión tomada para seguir avanzando. Es lo que está haciendo el mundo: una fuerte política de prevención, tratando de que ninguno caiga en la situación de consumo de cualquier sustancia'' (haciendo mención a la iniciativa de despenalización). Habría que ponerse a pensar si únicamente con medidas de prevención al consumo el índice del mismo disminuiría, en un país con gran corrupción policial y escasos programas de tratamiento para los adictos, en especial de bajos recursos ya que los eficaces o de mejor calidad son muy caros y resultan impagables para muchas familias. Más aún, y volviendo a las palabras del ministro, “siguiendo lo que está haciendo el mundo”, espero no tener que ver, en unos años a mi país invirtiendo en infraestructura para crear un centro estatal que inyecta estupefacientes a los adictos como forma de prevenir el contagio de enfermedades por el uso de una misma jeringa, como es el caso de Holanda, país que hace ya varios años tiene despenalizado el consumo de droga.
Más allá de que me parece que la implementación de este proyecto de ley es aceptar el problema, y no darle una solución, estoy en cierta forma de acuerdo con la idea de no criminalizar al consumidor, no caben dudas de que no es un criminal, sino un enfermo, pero sí estoy de acuerdo con que hay que penalizarlo aunque no de la misma forma que un ladrón, un asesino o un violador. Con una fuerte inversión en infraestructura, tendrían que existir en nuestro país internados obligatorios contra la adicción, que dependan más de especialistas y médicos que del poder judicial, para ayudar
a personas que realmente poseen este problema y reintegrarlas a la sociedad, como son los niños de ocho años que fuman “paco”, no alguien que ocasionalmente se fuma un “porro”, así de tal manera también se brindaría una solución para la superpoblación de las cárceles y se clasificaría óptimamente los realmente enfermos de los que no lo son. Combatir al traficante únicamente es un grave error de comprensión del círculo vicioso que es el tráfico de drogas, cada vez hay más narcotraficantes porque cada vez hay más consumidores, por lo tanto tiene que existir un plan de lucha diferente para cada parte del círculo, los que la venden y los que la toman.
La despenalización de las drogas no es la salida al problema, solo la aceptación hostil del mismo y todos tendríamos que concientizarnos de esto para mostrar disconformidad ante el proyecto de ley y exigir menos corrupción policial, más eficacia en los controles fronterizos y el espacio aéreo argentino y un proyecto acorde a las necesidades del país contra el tráfico y consumo de drogas.

Por Bruno M. Bordonaba