sábado, 8 de noviembre de 2008

The dream comes true


El 4 de noviembre fue un día histórico para Estados Unidos y el mundo. No solamente por la asunción del primer presidente afroamericanos, en uno de los países históricamente más racistas. Sino por los que representa Barack Obama, luego de los nefastos ocho años del republicano George Bush.
No se puede agregar mucho de un presidente que aún no asume. Simplemente profundizar algo que más o menos dijo Andrés Repetto: Estados Unidos vive momentos difíciles, tiene que salir de la crisis financiera más grande después de Wall Street, y resolver el conflicto bélico con Irak. Sin duda este el momento en que Estados Unidos debe legitimizar su poder en el mundo. El poder no es solamente el arte de la dominación y el reconocimiento mundial, sino también admitir y solucionar errores adquiridos por negligencia propia. Este es el momento en que Estados Unidos debe ir en contra de sus principios, hacer un gesto de grandeza, retirar las tropas de oriente, y empezar a recordar con más afecto a Lord Keynes, y a Franklin Roosvelt.
Me quedo con el conmovedor llanto de miles de afroamericanos que creyeron en el sueño, y con la concurrencia histórica de estadounidenses a las urnas. La asunción de Obama, no es solo un gran paso en la lucha contra el racismo y la discriminación. Sino también el ejemplo viviente de que la gente quiere realmente un cambio, que cree en un cambio, un cambio más humanista, que comience a repensar ciertos aspectos capitalistas.
Por Bruno M. Bordonaba

miércoles, 29 de octubre de 2008

De herencia a... ¿identidad cultural?

Hay que preservar la identidad cultural nacional. Cuando el Estado interviene en estas cuestiones, y protege a la industria cultural del mercantilismo imperialista y censurador, siempre hace eco de esta primera frase: hay que preservar la identidad cultural nacional.
Entre más acuerdos que desacuerdos que tengo con la excepción cultural, este argumento en particular, es sumamente difuso y relativo. ¿Qué música escucharía una persona con identidad cultural nacional? ¿Mercedes Sosa, Charly García, León Gieco?, o quizás ¿Papo, Almafuerte y Sumo? Algunos también preferirán a José Larralde, Atahualpa Yupanqui, Los Chalchaleros; otros seguirán escuchando viejos temas de Gardel, Discépolo y Goyeneche; y hasta hay quienes creen que no hay nada más autóctono que Damas gratis o Los pibes chorros. Y a pesar de la heterogeneidad de prácticas culturales en estos casos arquetípicos, todos se visten de identidad cultural nacional.
Haciendo un análisis más detallado, la cosa se pone más confusa. El primer grupo pertenece al Rock and Roll, que tiene sus orígenes en Inglaterra, y el segundo grupo es de una derivación más heavy del mismo género, lo cual tiene sus cimientos en Norteamérica, más bien en Estados Unidos. Ni siquiera el folklore tiene raíces en América; la zamba, el carnavalito, el pericón, son fusiones de otros ritmos más antiguos que ya se bailaban y escuchaban en España y algunos sectores de Europa. Sin duda el Tango despierta un fuerte sentimiento de argentinidad, sobre todo porque su historia se fue forjando paulatinamente en Buenos Aires, (Un argumento a favor de Sarmiento, que de antes que existiera el Tango, ya afirmaba que más que cultura nacional, hay cultura Rioplatense) antes de penetrar en países limítrofes o el mundo. Aunque si bien su gestación fue en Argentina, el detonante de su conformación fue por influencia de inmigrantes Europeos, sobre todo desde Alemania, de donde se heredó el bandoneón. Por último, la “cumbia villera”, un género de dudoso origen, que tiene influencias colombianas, caribeñas (de allí la fusión con el reggaeton), y hasta estadounidenses, ya que se mezclan sonidos de rap y hip hop.
En las demás industrias culturales, hablar de identidad suena también difuso. En la década del ’40 y ’50, la Argentina era una especie de Hollywood latinoamericano, sus películas eran muy vistas sobre todo en Chile, Perú, México, Cuba y Centroamérica. De todas maneras, los primeros experimentos en el cine se hicieron primero en Inglaterra y luego en Estados Unidos, que actualmente concentra con sus productos el 80% de las ventas en el mercado. Por lo que tampoco se puede hablar de esta industria como identidad cultural.
Los edificios más antiguos de nuestro país, los reconocidos como patrimonio histórico que le dan identidad a la urbe, son en su mayoría de arquitectos franceses o ingleses. Sobre todo el primer país, fue el más influyente no solo en esta rama de la cultura, sino también en la moda y en la literatura, hasta la querida revolución del boom latinoamericano.
El asado, el locro y el mate también lo disfrutan los uruguayos. La cultura mapuche, la de los querandíes, tehuelches, etc., no sobrevivió a los genocidios, arrebatos y desprecios que copiamos de la corona española. Y es esta en realidad nuestra identidad cultural, (aunque no sea la que nos representa hoy), es la que creció en esta tierra, y no se heredó ni se aclamó de nunguna parte.
Por otro lado, Argentina no sufrió lucha de clases, ni una revolución burguesa. La “identidad cultural nacional”, en realidad es una mezcla de ingredientes de origen occidental que recibimos, por un lado de los barcos de inmigrantes, y por otro de los caprichos de las elites sociales criollas. ¿Se puede llamar acaso "identidad", a algo que fue impuesto por sectores dominantes?. En menos de dos siglos de historia hay que hablar de cultura nacional, y de protección a los magníficos representantes de nuestra cultura de los dientes de la concentración cultural, que adopta una forma mercantil antes que de expresión personal. No podemos meternos en el terreno de la identidad, la cual es sumamente relativa si se la compara con países fundantes de movimientos culturales, o países que absorbieron dichos movimientos, como casi toda Sudamérica.
Por Bruno M. Bordonaba

miércoles, 15 de octubre de 2008

Reformulación del concepto de ciudadano

Ser ciudadano argentino, antes que nada significa poseer 18 años y poder votar. Pero lo más importante, es que uno uno puede gozar de los beneficios que le corresponden por su ciudadanía argentina. Entre los más básicos, podríamos incluir, alimentarse, abrigarse, curarse y hospedarse. Englobemos todas esas palabras en una sola: vivir. No sobrevivir.
Partiendo de esos derechos, luego podemos nombrar otros fundamentales: educación, deporte y recreo. Sin duda, el primero, pilar para que un país crezca de manera federal, y no a merced de intereses extranjeros, privados o sectoriales.
Si queremos un cambio de cultura, una refrescada de cabeza en el ciudadano, primero hay que redefinir el concepto de ciudadano. Uno no puede ser más ciudadano si tiene 18 años y todos los octubres cada cuatro años deja un sobre en una urna. ¿Qué beneficios adquiere como ciudadano, el argentino que vive en las villas del Chaco, Jujuy, Salta, etc.? ¿Acaso se lo puede llamar ciudadano argentino, solo por compartir una extensión geográfica que se llama Argentina? Creo que tenemos que tener un país de ciudadanos argentinos, no personas argentinas.
Los preferidos de las campañas electorales, los más necesitados del sistema, los vomitados del sistema, están pidiendo a gritos ser ciudadanos argentinos. Y cuando digo ciudadanos me refiero a poder comer, abrigarse, dormir en una casa todas las noches e ir a la escuela, como mínimo. Antes que tener 18 años, votar, y que usen su nombre con una falsa connotación para un discurso que se lo lleva la brisa más leve.
Los Estados Unidos, intentan destinar 700 mil millones de dólares, para rescatar a unos cuantos especuladores. ¿Cuánto de este dinero podría transformar en ciudadanos a tantas personas? Y con esto no intento descalificar el paradójico rescate estadounidense, simplemente es una mera comparación para saber cuales fueron siempre las prioridades de este mundo.
Por Bruno M. Bordonaba

martes, 7 de octubre de 2008

El rechazo a la política


- ¿Escuchaste el discurso de la presidenta?
- No, pero para que lo voy a escuchar si dicen siempre lo mismo y después no hacen nada
- ¡Chorean!, eso es lo que hacen. El pueblo se caga de hambre y ellos manejan Ferraris y usan marcas Louis Vuitton. Peronistas y radicales; se pelean y después se sientan a comer juntos.
- Son todos la misma mierda, lo peor que lo seguimos votando.

¿Quién no escuchó alguna vez esta conversación? En el taxi, en el colectivo, con el portero del edificio, cuando va a comprar cigarrillos al kiosco, en cualquier ámbito donde la política se imponga como tema de conversación, nunca falta alguna frase del diálogo anterior.
Es verdad que hay políticos corruptos, la mayoría, la minoría. Siempre los hubo, y con esto lejos estoy de hacer una naturalización de la corrupción en la política argentina, no es mi intención. Casi doscientos años de historia nos han enseñado en creer en la democracia, en no poder verla, en volver a creer en la democracia. En ser el granero del mundo, en creer en una industria joven y pujante, en ser los peones del mundo. En creer en una educación comparable con Francia, en ver videos en “Youtu” de chicos golpeando maestros. Nos enseñó que no pudimos caer más bajo y había que empezar a mirar para arriba.
El aburrido y reiterado diálogo del principio no es culpa de quienes los pronuncian. Y aunque parezca algo que tiene los años de la patria, no lo es, o por lo menos con la cotidianeidad que se lo escucha. El rechazo ideológico a un gobierno electo, es una práctica que fue cultivando cada gobierno militar. El rechazo a la gestión y a la legitimidad de los gobiernos democráticos, es una práctica que se interiorizó en el ser nacional desde comienzos de la última dictadura. Bernardo Neustadt y Mariano Grondona, fueron algunos de los encargados de hacerlo en forma mediática.
Aunque la mayor culpabilidad se la atribuyo al menemismo. A “la gran década”, la de la pizza con champagne. Cuando la corrupción a su máximo exponencial, la naturalización de lo que no es natural y la farandulización de la política fueron los que nos inyectaron ese rechazo a la política.
Diputados, senadores y funcionarios públicos en el sillón de Moria, María Julia Alzogaray era tapa de revista luciendo sus caros tapados de piel. El presidente cometía infracciones de tránsito con su Ferrari yendo a Mar del Plata. El organismo más importante de un país parecía un capitulo de los “Simpsons”.
Ver a una persona durmiendo en la calle era “natural”, al igual que ver un delito o un niño pidiendo monedas. Se naturalizó la pobreza, la indigencia y la inseguridad a tal punto, que aún lo vemos como algo de todos los días, algo normal y eso imposibilita el indispensable entusiasmo de cambio que la población debería tener.
Coimas en el senado, “diputruchos”, empresas nacionales que se rifaron, el tráfico de armas, algo no muy diferente a la valija del “turista” venezolano, la efedrina, el baño de Felicia Miceli, por nombrar los casos más conocidos.
Los diarios, las revistas y la televisión se alimentan de la decadencia institucional argentina y la escupen con cinismo e ironía. Lo que también influye enormemente en el discurso del ciudadano.
El rechazo a la política, es producto de todo lo dicho anteriormente, lo cual está muy sintetizado. No se puede cambiar el pasado, pero si la manera de pensar. Hay que volver a capturar el interés por la política. El primer paso lo tiene que dar el ciudadano, con la formación de una conciencia cívica crítica, lejos del partidismo clientelista y de los intereses sectoriales.
Por Bruno M. Bordonaba

jueves, 2 de octubre de 2008

Por la defensa de nuestro territorio y nuestra soberanía


El Estado, respondiendo a teorías occidentales, es una abstracción, no existe de un modo tangible. Es un ente político-legal regulador de un modelo social. Y todo Estado debe contar con, por lo menos, tres elementos esenciales como son territorio, población y soberanía. Estos elementos en conjunto determinan el interés vital de todo Estado, que es la supervivencia del estado nacional como unidad política dentro del sistema internacional. Ahora bien, si alguno de estos tres elementos flanquea, es posible que el interés vital, y por lo tanto la integridad misma de la Nación, se vean afectadas.
Desde hace poco más de un mes comenzó a circular un e-mail con asunto ‘PROTESTE YA! – CQC Territorio Argentino’ en el cual se informa que en mayo de 2009 vence el plazo para presentar ante la ONU la extensión de 200 a 350 millas la plataforma continental y que el Gobierno aún no ha presentado dicho proyecto. Por otra parte, continúa el e-mail, Gran Bretaña ya presentó sus proyectos y mapas e incluye en los mismos a la Isla de los Estados (Tierra del Fuego) y otras extensiones del mar antártico. Es decir, estamos hablando de más de 3 millones de km cuadrados de territorio, claro está, argentino.
Como es un tema que, como argentino en general y estudiante de Relaciones Internacionales en particular, me preocupa mucho, me dedique a informarme en el tema y ver qué de cierto tenía este e-mail. La respuesta fue desalentadora. No solo Gran Bretaña elaboró este proyecto, sino que en la nueva Constitución Europea aparecen las Islas Malvinas y el territorio antártico argentino-chileno como parte de Europa. Sí, Europa.
El conflicto por la soberanía de las Islas Malvinas surge en 1833 cuando, en épocas de paz internacional, una corbeta de la Marina Real británica apoyada por otro buque de guerra que se encontraba en las cercanías, amenazó con el uso de fuerza superior y exigió la rendición y entrega de la plaza del Puerto Soledad. Tras la expulsión de las autoridades argentinas y los pobladores, el gobierno inglés, en 1834, asignaría a un oficial de la Armada para que permaneciera en las islas y recién en 1841 tomaría la decisión de ‘colonizar’ las Malvinas, nombrando un gobernador.
El acto de fuerza, que se realiza sin que mediara comunicación ni declaración previa alguna de parte de un gobierno amigo de la República Argentina, fue inmediatamente rechazado y protestado. El gobierno argentino pidió explicaciones al Encargado de Negocios británico, que no estaba al tanto de la acción de los buques de su país. El 22 de enero (1834), el Ministro de Relaciones Exteriores presentó una protesta ante el funcionario británico, que fue renovada y ampliada en reiteradas oportunidades por el representante argentino en Londres. Las presentaciones argentinas tropezaron con respuestas negativas de parte del gobierno del Reino Unido.
La cuestión quedó pendiente y así lo reconoció el Secretario de Asuntos Extranjeros británico en 1849. Por el lado argentino continuó planteándose en distintos niveles del gobierno y fue objeto de debates en el Congreso de la Nación. En 1884, ante la falta de respuesta a sus reiteradas protestas, la Argentina propuso llevar el tema a un arbitraje internacional, lo cual también fue rechazado sin dar razones por el Reino Unido. La última confrontación entre nuestro país e Inglaterra nos dejó un saldo de decenas de pibes que murieron más por hambre y frío que por balas enemigas, en el último intento de la dictadura por querer justificar su accionar.
Realmente no se qué es lo que se está haciendo en materia de Diplomacia y Relaciones Exteriores. Fue nula durante la gestión de Nestor Kirchner (sin contar que nos peleamos con todo el planeta menos con Chávez) y la actual gestión se baña en humildad y a la vez se ríe del derrumbe de la ‘burbuja’ capitalista y se jacta de tener un Estado lo suficientemente estable como para que la crisis que se avecina en 2009 no nos haga ni un cosquilleo (sic). Pequeño error, considerando que Chile y Brasil (los países más estables y fuertes de nuestra región) ya están tomando medidas para hacerle frente a lo que se cree será el segundo crack del mundo luego del ’29.
Y ustedes se preguntarán, ¿de qué le sirve a la Argentina extender en 150 millas la plataforma continental? La respuesta es sencilla. En 1992 se firma el CONVEMAR (Convenio sobre los Derechos del Mar), donde se estableció que cada país deberá hacer el estudio correspondiente sobre el subsuelo marino adyacente a sus costas, para luego presentar el proyecto de extensión de su dominio hasta las 350 millas. Con ello, cada país aumentaría las posibilidades de explotar recursos naturales oceánicos, no en el agua pero sí en el subsuelo marino. Es decir, estamos hablando de extender nuestras fronteras para la exploración y explotación de recursos naturales.
Para extender la soberanía a las 350 millas (por la ley del mar son 200 millas a partir del mar territorial) era imprescindible cumplir con los pedidos de la ONU referidos a la investigación geológica, sísmica, biológica, geotérmica, etc. En 1997 se creó por Ley Nacional 24.815 la Comisión Nacional de Límite Exterior de la Plataforma Continental (COPLA), cuyo objetivo es llevar adelante el estudio correspondiente y elaborar una propuesta definitiva para establecer el límite exterior de la plataforma continental.
Asimismo por Decreto N° 1541 de fecha 6 de diciembre de 1999, se declararon de interés nacional las tareas asignadas a la COPLA. Por otra parte en el año 2000 se dictó el decreto 752 que aprobó el plan y presupuesto de los trabajos para fijar el límite referido, dado que la propuesta definitiva de la Comisión sería presentada antes del 31 de diciembre de 2005.
Una vez completado el informe, Argentina estaría en condiciones de reclamar derechos de soberanía sobre una superficie equivalente a aproximadamente 1.400.000 kilómetros cuadrados (más de la mitad de su territorio continental) mediante la fijación del límite exterior de su plataforma continental.
Han transcurrido más de diez años de la creación de la COPLA y sin embargo hasta la fecha no se ha tenido noticias de la presentación referida. En este aspecto, los diputados Eduardo Macaluse (SI-ARI Buenos Aires), Delia Beatriz Bisutti (SI-ARI Ciudad Autónoma de Buenos Aires), Leonardo Gorbacz (SI-ARI Tierra del Fuego) y Verónica Benas (SI-ARI Santa Fé) presentaron un proyecto de resolución en la Cámara Baja el día 5 de mayo del corriente, solicitando información acerca del avance que tiene el informe en rigor. Hasta la fecha no han recibido respuesta alguna.
Nuestro país, además de poder reclamar por vías del Tratado Antártico y la Ley del Mar, tiene otras argumentaciones:
- HERENCIA (Tratado de Tordecillas, 1494);
- DESCUBRIMIENTO (primer avistage, 1817);
- PROXIMIDAD GEOGRÁFICA (las prolongaciones del continente y la Antártica es de 1000 km., por lo que es el punto más cercano entre dos costas – Nueva Zelanda duplica esta distancia y África supera los 3000 km.-);
- CONTINUIDAD GEOLÓGICA (América del Sur y la Antártica están formadas por el mismo cordón montañoso);
- OCUPACIÓN PERMANENTE (desde 1904, la Argentina cuenta con presencia ininterrumpida en la Antártica);
- ACTIVIDAD ADMINISTRATIVA (relacionada con la base instalada en 1904 donde se encuentra una oficina de correo, y más tarde una estación de radio; además la actividad científica y técnica ininterrumpida), y
- RESCATES (el primero se produce en 1903, la corbeta ‘Uruguay’ rescató en pleno invierno al buque científico sueco ‘Antartic’)
Tuve la gran oportunidad como estudiante de esta magnífica carrera, de viajar a la Capital a la sede de nuestra Cancillería y al ISEN (Instituto del Servicio Exterior de la Nación). Nos recibió un joven egresado (no se presentó en ningún momento), y ante la pregunta de cuál era el estado de este informe requerido por la ONU, nos contestó que lo que decía ‘ese e-mail’ (en ningún momento lo nombramos) era todo mentira, y que la COPLA ya había terminado con el informe.
Una vez más el paralelismo entre Argentina y el País de Cristina de las Maravillas, se hizo notar. Lastimoso. Estamos hablando de defender nada más ni nada menos que nuestro territorio y nuestro derecho soberano por sobre esas tierras. ¿En qué estamos pensando?
Por Juan I. Agarzúa

domingo, 28 de septiembre de 2008

El paso a paso del reconocimiento social y estatal.

Luego del nefasto golpe de Estado, del cual aún sufrimos sus secuelas de forma socio-económica. La presidencia más larga de nuestra historia, que nos dejó sin patrimonio nacional, en dependencia casi absoluta de intereses extranjeros, y con la tasa de desocupación e indigencia en aumento. El golpe knock-out que sufrimos en el 2001, fecha que los efectos finales, no por eso impredecibles, de la paridad cambiaria impulsada por Domingo Cavallo, forzaron la devaluación y sus inevitables consecuencias. Los bancos, acostumbrados a altas tasas de interés, retuvieron las reservas en dólares de los ahorristas formando el popularmente conocido “corralito”. Los precios subieron de forma inversamente proporcional a los salarios, como nunca se había visto. La pobreza y la desocupación crecieron en largo y ancho, es decir, que no solo había más pobres, sino que los que ya eran pobres se hicieron más pobres. La brecha entre los que menos tienen, con los que más, se hizo más larga y la clase media tendía a desaparecer. La crisis fue producto de un proceso de autodestrucción nacional, que se venía cultivando de hace 25 años. Y los más perjudicados, fueron los de siempre.
La movilización del pueblo en repudio a la crisis era comparable a la de la década de 1880, con la presencia de radicales, socialistas y anarquistas. El grito era uno solo, “que se vayan todos”. Cacerolazos y piquetes. Protestas dignas y oportunistas, que con la excusa de que tenían hambre robaban televisores. Lo más destacable fue la aparición en el tejido social de nuevos actores: piqueteros, juntas barriales o vecinales, el retroceso a los principios de la economía con los trueques, el cual llegó a emitir una moneda relativamente fuerte (bono trueque), y los cartoneros.
Los piqueteros se transformaron en funcionarios del gobierno. Las juntas y el trueque desaparecieron. Sin duda, que los cartoneros fueron los que sobrevivieron con más fuerza y se expandieron muy rápidamente en la sociedad argentina, sobre todo en Capital Federal y el conurbano bonaerense. Hoy, hay 40.000 cartoneros jefes de familia, que según las estadísticas mantienen a más de 100.000 miembros. Son el engranaje fundamental de un negocio que forman parte 114 galpones que acopian y revenden todo lo que se recolecta, y 40 grandes empresas metalúrgicas, papeleras y fabricantes de plástico, que completan la cadena comprando la materia prima a los galpones.
El gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, primero rumoreó la idea de devolverles la dignidad y reinsertarlos a la sociedad como mozos, electricistas, mecánicos y taxistas. Lo que más bien era no reconocerles la dignidad como cartoneros y tampoco insertarlos a la sociedad, sino transformarlos en un modelo, un ideal de persona que cumplía los complicados requisitos de entrada a la sociedad.
Ahora, existe un proyecto de transformar a los cartoneros en “recolectores urbanos”, se les entregarían uniformes, guantes, obra social y se le pedirían aportes jubilatorios, además se le otorgarían 200 pesos extra por dejar su zona limpia, lo cual intenta también disminuir el trabajo infantil en las calles. De esta forma se les devolvería la dignidad, aceptando su trabajo, que de hecho es muy digno teniendo en cuenta la fundamental importancia que tienen los cartoneros para la subsistencia de grandes empresas. Solo queda esperar que se cumpla.
¿Qué ideas y posturas les despiertan esta nueva iniciativa del gobierno de Mauricio Macri?


Por Bruno M. Bordonaba

lunes, 22 de septiembre de 2008

"Fueron y son las mieles de sus panales"


En los negocios como en la política, que también está llena de negocios y negociados. Cuando alguien está pasando por una situación difícil, por suerte empiezan a aparecer los amiguismos. Sobretodo en Latinoamérica.
“Nos educaron para pelearnos entre nosotros”. No se pudo haber referido mejor Eduardo Galeano hacia los habitantes de ésta parte del continente.
Hoy, en el pueblo hermano de Bolivia regresan, o al menos eso quieren algunos sectores de la sociedad, las contradicciones y las injusticias sobre los primeros pobladores de la tierra. Una vez más, el aparato de poder conformado por los que más tienen y los intereses extranjeros, estrangula con furia los valores de la democracia.
El gobierno democrático y con gran aceptación popular, del descendiente incaico Evo Morales, se encuentra a merced de voces egoístas que quieren su destitución y fomentan terribles confrontaciones entre el pueblo contra el pueblo. La zona menos carenciada de Bolivia, la zona norte, es la que manifiesta pública y descaradamente sus deseos de golpe de estado y justifica estas reacciones en la indignación que produce tener un presidente “negro”, “colla” o “indio”. Precisamente en la tierra de Tupac Amarú.
De forma paralela, se ponen en juego intereses políticos a nivel internacional, que no son los del pueblo boliviano, y hacen que otros países del mundo se sumen a golpear a la democracia.
Por otra parte, a kilómetros de distancia, suena con fuerza la voz del amiguismo latinoamericano. El presidente Hugo Chávez, con la verborragia y la falta de diplomacia de siempre con la que encara su gestión, dirige mensajes bélicos a Estados Unidos, su principal enemigo en la lucha contra el imperialismo y su mejor amigo a la hora de vender petróleo. Quien compra buques a Rusia y aumenta el presupuesto bélico en el nombre de Simón de Bolívar le advirtió a “Mr. Danger” que deje en paz al pueblo boliviano y que en caso contrario le está dando pase libre para operar militarmente.
Por momentos pienso que Chávez quiere guiar una guerra mundial entre Latinoamérica y EE.UU, como si ésta fuera la solución contra el imperialismo o contra “algo”. Cuando pongo los pies sobre la tierra, me doy cuenta que su actitud altanera y prepotente de conducir sus relaciones internacionales, no son más que parte de su estrategia mediática y figurativa de mantener su poder y su aceptación popular, tanto en Venezuela como en Latinoamérica. Sobre todo lo primero, lo cual ya lo tiene poseído.
En temas tan sensibles, como son los que está atravesando Bolivia, son cuando más hay que distinguir entre victimas y victimarios, descartar los amiguismos y apreciar más que nunca la libertad y la democracia, que es con la cual se come, se educa y se cura. Fuerza Bolivia.
Por Bruno M. Bordonaba

viernes, 19 de septiembre de 2008

Si no hay reforma moral, no hay reforma política

Se quiera o no aceptarlo, el rechazo a la resolución 125 marca un antes y un después en nuestra sociedad. Los cuatro meses de conflicto trajeron aparejado un sentimiento nacionalista que no se vivía, tal vez desde la recuperación de la democracia. El pueblo, callado por largos años, salió a la calle y se reavivó un debate nacional ante los ojos atónitos de funcionarios y legisladores de la Nación.
A dos meses de una parcial resolución del conflicto, parece que nada ha quedado de aquellos días. Ante nuestras narices, día tras día se descubren casos gravísimos de corrupción y sólo los diarios más opositores y argumentadores en contra de la gestión de Cristina Fernández continúan publicando sus investigaciones referidas al olvidado caso Skanska, el multimillonario gasoducto del sur, la carencia de radares, el creciente gasto público, el default de fin de año. Pero nada parece alertar al ciudadano.
¿No se dan cuenta que la actual administración del Estado no es más que una resaca menemista? Lean, lean, lean. Está adelante nuestro, se escucha, se percibe. No me voy a poner en el gastado papel del típico crítico de Tinelli y su monstruo Ideas del Sur, porque sólo me queda sacarme la galera y felicitarlo por ser un excelente empresario que sabe qué es lo que busca y le gusta al público. Y ahí se centra la cuestión. El público. Que es lo que genera que sea más importante un streap-dance que el bochornoso caso de Antonini Wilson y los casi u$s 800.000 para la campaña de..¡Sí! Cristina Fernández. O que sólo esté cubierto el 10% del espacio aéreo argentino mediante radares para que no salgan a la luz la infinidad de pistas de aterrizajes clandestinas; y que nadie de la ciudadanía se altere por tal cuestión.
Durante varios años, y hasta no hace mucho, mis críticas estaban orientadas a los funcionarios del Estado. Hoy me doy cuenta que estaba equivocado y llego a la conclusión de que acá hay un único culpable y es el ciudadano. Es éste el que le atribuye todos sus pesares al Gobierno de turno, y claro está, nunca se va a hacer responsable ni reconoce que hay una unión directa entre él y el funcionario ‘X’, ya que fue el mismo quién lo puso en ese lugar. Me estoy refiriendo a la extensa mayoría que hoy habita nuestro país, obviamente no englobo a la minoría racional y coherente.
La Sra. Presidente planteó el Pacto del Bicentenario. Un tanto ambicioso a mi entender si es que seguimos recorriendo el mismo riel que hemos estado transitando por estos años. Primero que nada, hay que lograr un contrato con nosotros mismos. Un contrato civil que requiere la subordinación de los intereses particulares y en donde cada uno de nosotros se une a todos y a nadie en particular.
Pero para lograr esto, es imprescindible una fuerte cuota de educación en general y de enseñanza política en particular. Y enseñanza política como formación ciudadana, no como partidismo. Claro que uno puede elegir militar en un proyecto, siempre y cuando tengamos en claro qué es lo que queremos para nuestra Nación. Y, perteneciendo a distintos partidos políticos o no formando parte de ninguno, debemos generar una Voluntad General que no sea la suma de los intereses de cada uno, sino que logremos un consenso para con nosotros mismos y para el bienestar y progreso de nuestro país.
Mientras continuemos en este vaivén de proyectos políticos sin base ideológica alguna o sustento en la racionalidad - y repito, producto del voto popular - es difícil que logremos un cambio radical, tan necesario para nuestra Nación.

Por Juan I. Agarzúa

martes, 16 de septiembre de 2008

Ese maldito escuadrón de nuestro populismo mundial

Sin duda esta es una nota que se alojaría mejor en la sección “un café con Dios”, por lo indignante de la cuestión y por el “remar contra la corriente” que representaría un cambio de pensamiento, lo digo con total seguridad, en más de la mitad del país, acerca del tema que voy a tratar.
Con motivo del Bicentenario de la patria, la Argentina va a tener el honor de ser parte de uno de los eventos culturares más importantes a nivel mundial, la Feria de Frankfurt del 2010. Un encuentro de la industria editorial en la que participan 7200 expositores de 100 países y la Argentina ese año será la “invitada especial”. Un país latinoamericano, que al igual que toda América tiene una historia escrita con sangre de saqueo, arrebato y desprecio de su cultura por no ser acorde a la de la “elite”, y que aún sufre el aplastamiento y sustitución de su cultura por herencia extranjera a causa del imperialismo, tendrá en el 2010, fecha del Bicentenario de la Patria, la posibilidad de mostrar a los ojos del mundo, en la “cuna de la elite cultural” sus más altos exponentes del género literario.
Para la ocasión, la Sra. Presidente Cristina Fernández decidió que la exposición se proyecte en torno a aquellas figuras del extenso abanico cultural que resalten el ser nacional, el sentimiento de argentinidad, o más bien aquellos nombres que se vomitan de manera automática y por asociación cuando decimos “Argentina” en el extranjero. Estos nombre son: Diego A. Maradona, Eva Duarte de Perón, más conocida como “Evita”, Carlos Gardel y Ernesto “Che” Guevara.
Si bien no termino de comprender bien, por qué Maradona es la figura de un evento literario, no caben dudas que de todos los elegidos, es el que agrupa de forma más masiva el sentimiento nacional, por lo que significa ser el futbolista más grande de todos los tiempos en un país tan futbolero, que aún se le pone la “piel de gallina” cuando revive aquel gol que Diego le convirtió a la selección de Inglaterra en el mundial de México ‘86, a tan solo dos años de haber perdido la nefasta guerra de Malvinas.
“Evita” y el “Che” son los elegidos más controversiales de todos, ambos despertando sentimientos extremadamente opuestos en el pueblo argentino. Evita, en el día de su muerte, por un lado, no hubo un rincón del país en el cual alguien no haya derramado una lágrima por la ella (también es imposible que no se ponga la “piel de gallina” cuando vemos imágenes o videos de ese momento, y las masas que movilizaba la llamada “abanderada de los pobres”) y de la vereda opuesta, se había puesto de moda una de las peores frases de nuestra historia: “que viva el cáncer”. Respecto al “Che”, pocos de los que usan una remera con su cara, saben siquiera porqué luchó y murió. Se ha transformado en el personaje más estereotipado y favorito del marketing y el marchandacing. Nada aportó a nuestro país más que herencias de poderosos y jóvenes ideales que se fueron desdibujando con el tiempo y se los fue comiendo la moda y el oportunismo.
En tanto a Carlos Gardel, primero tendría que aclarar, que desde mi punto de vista, es un personaje que representa más a la bohemia porteña rioplatense, que a la argentinidad en sí, aunque es solamente un punto de vista. La realidad es que a comparación con los demás elegidos, es el que más se asemeja con la cultura argentina, por lo que representa el tango en nuestro país.
Lo concreto, es que es ridículo que en un evento de literatura no haya escritores. Es paupérrimo que a la hora de elegir representantes de nuestra cultura, se opte siempre por el repetido escuadrón del populismo mundial, que pareciese adaptarse perfectamente a cualquier situación, en vez de por la cultura es sí. Dejando en un segundo plano figuras como: Julio Cortazar, Roberto Arlt, Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares, Rodolfo Walsh, Manuel Puig, Héctor Oesterheld, Osvaldo Soriano, Alejandra Pizarnik, Alfonsina Storni, José Hernández, Esteban Echeverría, Domingo F. Sarmiento, Juan B. Alberdi, Mariano Moreno entre muchos otros, todos íconos de la cultura argentina y latinoamericana.
A nivel nacional, ya se respira cada vez más fuerte el frívolo aire del desinterés cultural en la población, y las principales causas son, primero la pobreza, la indigencia y el bajo nivel educativo, que hoy lo recibimos de forma naturalizada desde la década del ‘90. Luego la decadencia mediática que absorvemos todos los días. A nivel internacional, si en eventos como este, no tomamos en cuenta a quienes realmente hicieron algo por la cultura de este país, definitivamente ya empezamos a inclinar la cabeza hacia abajo, y a sentir cada vez de más cerca el frío del suelo. Y para ello contamos con todo el apoyo del poder ejecutivo.

Por Bruno M. Bordonaba

miércoles, 10 de septiembre de 2008

Antes que nada: comer y educarse, luego imitemos al mundo

En la pulseada contra el tráfico y consumo de drogas, las naciones del mundo han optado por diferentes estrategias para combatir la amenaza, lo cual ha generado infinitas polémicas en poblaciones que se quiebran ideológicamente entre los que están a favor o en contra de la despenalización de drogas. En nuestro país, existe un proyecto de ley impulsado por el ministro de Justicia, Seguridad y Derechos Humanos, Aníbal Fernández, que consiste en imitar a muchos países del mundo que ya han despenalizado el consumo de drogas. El objetivo de la sanción, que aún no llegó al Congreso, aunque cuenta con el apoyo del Poder Ejecutivo, es disminuir el tráfico y consumo de estupefacientes no criminalizando al consumidor, sí al traficante. "No estamos fomentando la droga, pero no hay que criminalizar al adicto. Los que tienen que ir presos son los que la venden, los que trafican", afirmó el ministro Aníbal Fernández.
Argentina es el mayor consumidor de cocaína de América Latina, además de poseer una ubicación privilegiada y de suma importancia para el tráfico de esta sustancia, que proviene de los países andinos y tiene como destino Europa. Sin embargo, uno de los mayores problemas ligados al narcotráfico se encuentra sin duda dentro de las zonas más pobres y más olvidadas de nuestro territorio y se llama “paco”. El “paco”, que se instaló en nuestro país con total masividad desde la crisis del 2001, está destruyendo familias por su alto grado de nocividad sobre todo en chicos menores de 15 años, quienes son sus principales consumidores. En mi opinión, su consumo no va a disminuir con la implementación del nuevo proyecto de ley, ya que esta droga que se prepara con residuos de cocaína – entre otras sustancias -, no es un simple vicio que se transformó en adicción, sino que es la que reemplaza un plato de comida todos los días, la manera de no sentir hambre. Por lo tanto, mientras los desamparados del Estado no coman ni puedan educarse, el "paco" va a seguir existiendo y su despenalización es la “solución” fácil para desligarse del problema.






Por otra parte, cuando el ministro Aníbal Fernández dice: “'Para nosotros es muy importante, ya no quedan dudas de cuál es la decisión tomada para seguir avanzando. Es lo que está haciendo el mundo: una fuerte política de prevención, tratando de que ninguno caiga en la situación de consumo de cualquier sustancia'' (haciendo mención a la iniciativa de despenalización). Habría que ponerse a pensar si únicamente con medidas de prevención al consumo el índice del mismo disminuiría, en un país con gran corrupción policial y escasos programas de tratamiento para los adictos, en especial de bajos recursos ya que los eficaces o de mejor calidad son muy caros y resultan impagables para muchas familias. Más aún, y volviendo a las palabras del ministro, “siguiendo lo que está haciendo el mundo”, espero no tener que ver, en unos años a mi país invirtiendo en infraestructura para crear un centro estatal que inyecta estupefacientes a los adictos como forma de prevenir el contagio de enfermedades por el uso de una misma jeringa, como es el caso de Holanda, país que hace ya varios años tiene despenalizado el consumo de droga.
Más allá de que me parece que la implementación de este proyecto de ley es aceptar el problema, y no darle una solución, estoy en cierta forma de acuerdo con la idea de no criminalizar al consumidor, no caben dudas de que no es un criminal, sino un enfermo, pero sí estoy de acuerdo con que hay que penalizarlo aunque no de la misma forma que un ladrón, un asesino o un violador. Con una fuerte inversión en infraestructura, tendrían que existir en nuestro país internados obligatorios contra la adicción, que dependan más de especialistas y médicos que del poder judicial, para ayudar
a personas que realmente poseen este problema y reintegrarlas a la sociedad, como son los niños de ocho años que fuman “paco”, no alguien que ocasionalmente se fuma un “porro”, así de tal manera también se brindaría una solución para la superpoblación de las cárceles y se clasificaría óptimamente los realmente enfermos de los que no lo son. Combatir al traficante únicamente es un grave error de comprensión del círculo vicioso que es el tráfico de drogas, cada vez hay más narcotraficantes porque cada vez hay más consumidores, por lo tanto tiene que existir un plan de lucha diferente para cada parte del círculo, los que la venden y los que la toman.
La despenalización de las drogas no es la salida al problema, solo la aceptación hostil del mismo y todos tendríamos que concientizarnos de esto para mostrar disconformidad ante el proyecto de ley y exigir menos corrupción policial, más eficacia en los controles fronterizos y el espacio aéreo argentino y un proyecto acorde a las necesidades del país contra el tráfico y consumo de drogas.

Por Bruno M. Bordonaba